En teoría todos sabemos que un buen descanso es la base de la salud, aunque no todos se lo aplican ya que duermen en sofás, colchones viejos, etc. Las típicas escusas de que aún sirve, es bueno, da pena tirarlo a la basura pero bien que por las mañanas esa misma persona se despierta con dolor de espalda, de músculos, de cuello y cabeza aparte de tener mal humor y las consultas en el médico por tener la espalda dolorida. Estas son algunas de las señales que deberían de hacernos replantear el cambio de nuestro colchón viejo ya que nos pasamos 8 horas diarias en la cama que es un tercio de nuestra vida.

Una gran mayoría de la gente que está en la búsqueda de un colchón nuevo tiene problemas de salud, dolores fuertes de espalda, enfermedades crónicas, etc. este tipo de problemas no aparecen de la noche a la mañana si no que nosotros mismos la provocamos con nuestros estilos de vida poco saludables, además de dormir en colchones que no son de buena calidad. Hay que ajustar el colchón a nuestro peso:

  • Hasta 60 kg lo recomendable es el tipo H1 (blando)
  • De 60 a 80 kg lo ideal es H2 (semiduro)
  • De 80 a 110 kg deberían de optar por un H3 (duro)
  • Más de 110kg lo recomendable es H4 (muy duro)

Se dice que mientras más duro sea un colchón, mejor es para la salud y eso es una mentira muy grande, ya que los colchones duros están destinados para un peso muy elevado o gente que duerme todo el rato bocarriba. Todos los que duermen de lado y bocabajo deberían de optar por colchones más elásticos, para que se ajusten al cuerpo con cada cambio de posición.

Otra cuestión importante es que un colchón no nos durará toda la vida, ya que es un objeto como cualquier otro. Aunque el colchón no tenga ningún defecto visual la media está en cambiarlo cada siete u ocho años, ya que también hay que cambiarlo por cuestiones de higiene y beneficios que tenía antes.

Para elegir bien un colchón lo ideal es tumbarse y probarlo, así podremos saber si ese modelo es bueno para nosotros.